En Psicología Ecuador nos interesa que las personas estén informadas sobre los distintos malestares que pueden surgir en un determinado momento de la vida y que requieren un asesoramiento profesional. Es por eso que en este apartado presentamos las principales dolencias al alcance de todos con un lenguaje sencillo y de manera compacta.

En Psicología Ecuador nos gusta siempre ir más allá del diagnóstico pues estamos convencidos que cuando una persona padece un determinado malestar existen factores biográficos y experienciales, así como emocionales que están envueltos en el proceso de “estar y sentirse mal”. Nuestro tratamiento persigue una mejora sustancial y a largo plazo en la vida cotidiana de la persona a todo nivel, trabajar las emociones que nos causan conflictos y comprender nuestros patrones de conducta interpersonales que nos impiden llevar relaciones satisfactorias.

 
 

 
 

Trastornos afectivos

Los trastornos afectivos son expresiones físicas y emocionales de las personas que se encuentran en una determinada situación y que se han desarrollado en función de la experiencia biográfica. Dentro de esta categoría diagnóstica se encuentran principalmente la depresión y el trastorno por ansiedad y sus diversos grados de presentarse desde leve hasta grave.

La depresión

Consiste principalmente en un sentimiento de falta de energía que se traduce como un desánimo en todos los aspectos de la vida de la persona, como lo profesional, a nivel familiar y de pareja. Principalmente se tiene una sensación de desmotivación y pesadumbre que es constante y que no se la puede dejar de lado. Por ejemplo las cosas que anteriormente nos daban alegría no nos la brindan, se hace difícil enfrentar las tareas y actividades más sencillas del día a día y si esta condición no es tratada va empeorando con el tiempo. Los síntomas se pueden resumir en una tristeza sin explicación, pérdida de alegría y de interés, abatimiento, reducción de la condición, cansancio excesivo, disminución de la concentración, pérdida de sueño y apetito.

Las causas de la depresión son multifactoriales y muchas veces se le llama depresión a un conjunto de eventos que nos causan malestar, por ejemplo en lugar de decir “tengo depresión”, podemos iniciar haciéndonos la pregunta si se está satisfecho con la vida de pareja o con el empleo, o si se han alcanzado los proyectos de vida propuestos. La depresión es tratable y puede incluso darnos pistas sobre nosotros mismos. Lo necesario es no dejar pasar mucho tiempo, pues este estado se manifiesta en todos los niveles de nuestra vida.

La ansiedad

Es el estado en el cual de repente nos asalta una especie de sentimiento de vacío, en donde el cuerpo también se hace presente con fuertes palpitaciones, sudoración, temblores entre otros síntomas. Se tiene un miedo exacerbado el cual no podemos explicárnoslo. Estos eventos pueden ser incesantes o presentarse como episodios. Por ejemplo si nos asalta un miedo sin tener razón aparente para sufrirlo estando en casa, o estar en constante alerta y con un miedo que está como persiguiéndonos. La ansiedad se presenta de distintas maneras y responde normalmente a eventos biográficos, se la suele diferenciar en la literatura académica como trastorno de ansiedad generalizada, trastorno de pánico, trastorno de estrés posttraumático y trastorno fóbico con o sin agorafobia.

Las causas son igualmente multifactoriales y es muy importante siempre hacer una revisión biográfica para analizar los miedos que la persona tiene para elaborar estratégias que permitan el poder sobrellevar los miedos o los ataques que se presenten.

El acompañamiento es crucial, pues de lo contrario, la ansiedad se puede desarrollar a nivel crónico llegando la persona a un estado severo de aislamiento.

Trastornos psicosomáticos

Son por definición el grupo de dolencias que nos afectan y que la medicina no puede encontrar una causa aparente física que justifique su padecer. Por ejemplo un dolor crónico que no es posible encontrar explicación o un malestar digestivo como el síndrome de cólon irritable que es influenciado por factores emocionales. Aquí es importante recalcar que la forma en que la persona interpreta y se relaciona con su medio ambiente juega un papel crucial, por ejemplo la hipertensión se presenta en personas con un grado menor de resistencia y tolerancia al estrés. Entre las principales causas se encuentran períodos prolongados de estrés, círculo vicioso de problemas físicos que se convierten en el foco de atención volviéndose la persona más “sensible” a ellos, sentimientos negativos que no son expresados y toman forma en la expresión corporal y situaciones extremas en la vida. Se manifiestan principalmente como problemas del tracto intestinal, problemas cardio-circulatorios, dolores en distintas regiones del cuerpo y problemas del tracto urinario.

Lo psicosomático hace referencia al papel preponderante de la "relación" entre mente y cuerpo de la persona. Lo psíquico afecta el cuerpo, del mismo modo que los hechos somáticos influyen en la mente. Es importante analizar el estilo de vida y la forma de afrontar los problemas, pues lo psicosomático está siempre presente en nuestra vida, también en escenas de extrema inocencia, pensemos en el introvertido adolescente enamorado que se sonroja al ver a la chica que ama.

El tratamiento es siempre personalizado haciendo un profundo acercamiento a la historia vital y médica de la persona. Muchas veces es necesario un cambio en el estilo de vida o la elaboración de una nueva forma de hacer frente a las exigencias de la vida.

Trastornos de la personalidad

Los trastornos de personalidad se refieren a las características particulares de la personalidad de un ser humano, que se marcaron de una manera especial y que son inflexibles y mal adaptadas presentando su disfuncionalidad principalmente en las relaciones interpersonales. Estos aspectos se han desarrollado desde la infancia y se mantienen en la edad adulta.

Lo que se presenta en la conducta es un acento profundamente marcado de un cierto patrón de comportamiento que genera una relación disfuncional, por ejemplo una persona puede ser perfeccionista, pero un exacerbado control por parte de la persona en sus actividades diarias o una exigencia exagerada con él mismo y los demás, pueden ser síntomas de lo que se llama trastorno obsesivo-compulsivo de la personalidad.

Por lo general los patrones de conducta "exagerados" se entienden como intentos fallidos de adapatación que se han tornado inflexibles y que se relacionan con otro tipo de malestares como el trastorno de ansiedad o la depresión. Requieren un diagnóstico muy preciso realizando un análisis de la historia vital y el aparecimiento y manifestación de estas características “exageradas” de la personalidad pudiendo haber sido en la infancia, adolescencia o la temprana edad adulta.

El diagnóstico psicodinámico operacionalizado es una herramienta muy adecuada para evaluar esas posibles acentuaciones de la personalidad que sean disfuncionales para la adaptación social y relaciones interpersonales, dándonos además las pautas a seguirse en el tratamiento psicoterapéutico potenciando los recursos personales para llevar relaciones más satisfactorias.

Burnout o síndrome de fatiga

El Burnout o síndrome de fatiga crónica denota un estado extremo de agotamiento, que se presenta de manera prolongada a causa de factores como el estrés extremo, tensión crónica y una muy alta capacidad de rendimiento que no conoce límites. Aunque la persona intente descansar no lo consigue, siempre está agotada y cada vez tiene menor resistencia para afrontar las actividades de la vida tanto personal como profesional. Se produce un desgaste que deriva en lo que se conoce como "depresión por agotamiento".

Aparte de un fuerte agotamiento emocional, se presenta un agotamiento físico, una reducción de las capacidades cognitivas (memoria, concentración, atención), una labilidad sentimental, fuertes cambios emocionales, cinismo y desmotivación en el trabajo, aislamiento, falta de sueño y probablemente un manejo inadecuado de la alimentación, consumo excesivo de alcohol y tabaco.

Las causas suelen ser una combinación de situaciones a nivel laboral pero también actitudes y conductas personales tienen un papel importante. No es el trabajo lo que hace padecer, sino las relaciones laborales y las exigencias propias y del trabajo. Es importante preguntarse por ejemplo si se está capacitado para un puesto que se tiene, al no estarlo ello generará niveles de estrés muy altos y más aún si la persona persigue tener un reconocimiento social por su trabajo realizado, o a lo mejor el ponerse metas muy altas e irrealizables generen un conflicto.

El tratamiento consiste en reconocer los factores personales que han llevado a ese agotamiento extremo, ya que el establecer límites es algo necesario y básico para poder salir adelante. Dentro de la terapia es imprescindible aprender a manejar la presión laboral así como es necesario iniciar un cambio en el estilo de vida dándose pausas en el trabajo. El cultivar una dieta sana que vaya acompañada por ejercicio diario y permitirse tener suficientes etapas de regenaración son elementos fundamentales dentro del proceso terapéutico.