Los padres helicópteros o hiperpadres:

En nuestra sociedad es bien conocida la tendencia a entregar todo a la generación que sigue. En los últimos años hemos visto grandes cambios en los sistejmas de eduación, en los derechos de los niños y en la forma en como los padres intentan educar y dar lo mejor a sus hijos en cualquier aspecto de la vida, sea éste el personal, el profesional o el ámbito deportivo. Así se espera de los hijos que aparte de las tareas escolares inicien algún tipo de actividad fuera del horario escolar y esto tiene dos vertientes, por un lado los padres esperan muchas veces más de lo que sus hijos pueden dar y se aumenta así, desde la perspectivas de los chicos una sensación muy fuerte de tener que rendir cada vez más y más. Ello conlleva que poco a poco los niños se ven con agenda llena y empiezan a manifestar síntomas de estrés, entre otros tipos de conflictos o trastornos como la hiperactividad, enuresis o problemas alimenticios como la anorexia y bulimia. Pensando en la filósofa alemana Hannah Arendt, nos dice ella en una entrevista que hemos pensado siempre en lo mejor que nos hemos olvidado de lo bueno.

En este sentido desde inicios del siglo XXI se han incrementeado las consultas psicoterapéuticas con padres y sus hijos por conflictos intrafamiliares y esto es muy sorprendente pues a pesar que los padres tiene un alto nivel de reflexión, están en todas las reuniones escolares, saben los nombres de los amigos de sus hijos, las profesiones de los padres de los amigos de sus hijos, estos padres de clase media y burguesa se presentan graves conflictos y los niños se vuelven cada vez más exigentes y los padres quieren responder a ellos pero también a lo que creen que la sociedad les exige para ser buenos padres. Así se habla muchas veces de una “tiranía de lo infantil”, que no es más que el intento de compensación de las falencias de muchos padres, generando así una sobreexigencia en ellos mismos y sus hijos.

Muchas veces los padres creen que no hacen suficiente y están permamentemente encima de sus hijos y no logran una relación satisfactoria con ellos pues ésta se da siempre desde la falencia o “lo que falta”. Esto genera una sensación de indefensión en los padres. Y se ha comprobado que los hijos sobrepotegidos sufren igual o peor que aquellos niños que han sido descuidados con lo cual el estar siempre encima de nuestros hijos no es una garantía de que no vayan a tener problemas, sino por justamente estar ahí demasiado es que no aprenden lo que son límites, no generan un sentimiento de autosufiencia y no son capaces de realizar las tareas más básicas coo tomar un autobus de manera independiente. Con esto se ha visto que a mayor protección, menor índice de autonomía. Es así como los llamados Padres helicópteros (metáfora acuñada en 1969 por Haim G. Ginott) alargan la fase de dependencia de sus hijos lo que complica el proceso de salida del hogar de los chicos. Existe evidencia de que los padres incluso en la etapa universitaria van a hablar y a “promocionar” a sus hijos para posibles futuros empleadores.

La situación se ve reflejada desde un punto de vista sociológico y es que hoy en día vivimos en la sociedad del rendimiento, en la cual cada vez más hay que superarse constantemente y hacer más y esto genera en los padres que sus propias inseguridades se activen y sean transferidas hacia sus hijos. Los padres helicópteros son aquellos que tienen a sus hijos permamentemente bajo la lupa y están como drones acompañándolos en todo momento. A la larga esto genera mucho conflicto pues las bases de la seguridad en la propia persona y en la capacidad de decisión no se han desarrollado lo suficiente como para poder llevar una vida mediananmente independiente y además la sensación de tener que dar y hacer más genera de por sí el sentimiento de no hacer lo suficiente para aspirar metas, que muchas veces son la de los padres y no la de los propios hijos y esta indiferenciación impide ver de manera articulada las necesidades y los deseos de cada uno dentro del sistema familiar.

Es de capital importancia por parte de los padres reconocer los propios límites y limitaciones y las falencias y no buscar compensarlas en los hijos, ello sólo generará mayor frustración y hará que los chicos se sientan incapaces de realizar la actividad más simple sin la “supervisión” de los padres. A parte de los problemas de dependencia emocional y frustración que pueden surgir no debemos olvidarnos de que estos chicos tendrán en su vida futura, poca tolerancia a la frustración, baja resistencia a factores de estrés laboral y probablemente tengan una vida de pareja tortuosa, aparte de otros problemas relacionados con la dependencia.

Para evitar esto los padres han de hacerse un éxamen y analizar sus fortalezas y puntos débiles, al igual que dejar crecer a sus hijos de la manera más libre y menos controladora posible. Este proceso no es nada fácil y a veces se requiere una terapia de pareja o terapia familiar para salir del abismo en que la familia se encuentra.