Los propósitos para el nuevo año

Al inicio de cada nuevo año solemos trazarnos metas y nos ponemos propósitos que pretendemos alcanzar en esa etapa de nuestras vidas que ha iniciado. Muchos piensan en adelgazar, otros en encontrar un mejor empleo y hay más pretenciosos que quieren cambiar todo cuanto ellos ven que no está bien en su vida. Sin embargo muchas veces suele ocurrir que no se adelgaza lo suficiente o que seguimos en nuestro trabajo del que tanto quremos salir. En este sentido es importante ver que lo que nos ha faltado es el ser consecuentes con las metas que nos hemos puesto. Y es aquí donde entra la pregunta clave: ¿Son estas metas realmente realizables? ¿Puedo manejarlas?  ¿No estoy pidiendo demasiado?

Y esto es importante pues muchas veces por la emoción del momento nos ponemos metas que no son del todo realizables y con ello programamos, sin darnos mucha cuenta, nuestra decepción que nos espera como se dice “a la vuelta de la esquina”. Por eso es importante aprender a trazarse metas y ponerse límitas y ante todo ser pacientes y constantes, pues no debemos olvidar que lo más importante hacia la consecución de un logro es el camino que tomemos. Nadie ha logrado el éxito o la fortuna de la noche a la mañana, ahí han habido fracasos, retrocesos y por supuesto desesperación, sin embargo si somos constantes y nos trazamos nuestras metas poco a poco llegaremos con toda seguridad.

Pero ¿Cómo podemos ponernos metas? A esta pregunta no la podemos responder de un modo fácil, no obstante existen ciertos parámetros que nos pueden ayudar a ponernos metas dentro de nuestro alcance y sin superar nuestros límites. Por ejemplo una buena manera de trazarnos metas es hacerlo de manera positiva, así en lugar de decir “no quiero fumar más” podemos decir “quiero dejar de fumar” o “quiero hacer algo nuevo y saludable en lugar de fumar”. Por otro lado podemos ponernos metas intermedias dentro de la meta final, así si queremos adelgazar podemos comenzar con primero mejorar nuestra dieta, luego comenzar a hacer alguna actividad física que sea de nuestro agrado y finalmente movernos más en el día a día por ejemplo utilizando las escaleras en lugar del ascensor. En este sentido es importante recordar que al ponermos metas que están dentro de la meta a alcanzarse probablemente no nos demos cuenta y logremos aquello que nos hemos propuesto.

Del mismo modo, nuestras metas no deberíamos trazarlas desde el sufrir o el dejar de hacer o tener algo, eso sólo nos haría sentirnos mal durante el proceso y es por ello que muchas veces no logramos alcanzar lo que nos hemos propuesto. En resumen se trata de poner metas intermedias a la meta final y articularla de manera positiva y realizable.

Recordemos que somos seres que estamos habituados a nuestras costumbres y el cambiar es muchas veces difícil, por ello es que el cambio que queramos alcanzar, incluso el más pequeño, será mejor irlo concretando de manera gradual y en pequeños pasos que nos darán mucha satisfacción. Un ejemplo de esto es el querer hacer deporte y no comenzar gradualmente, sino, desgastándonos y yendo más allá de nuestros límites, con lo cual esa actividad puede tornarse tortuosa y la dejaremos de hacer, y con la frustración caeremos en formas de comportamiento que queremos dejar de lado.

Para las metas más importantes como casarse o el cambiar de trabajo o tener un hijo es necesario una planificación más pensada pero igualmente realizable sabiendo qué cualidades y qué límites tenemos para no sobreexigirnos en nuestro día a día. Siempre será importante la constancia y la paciencia y ante todo el deseo de cambio, sin deseo de cambio todo lo que hagamos será sentido como una obligación y por ende lo dejaremo a medio hacer. Así, si queremos cambiar de empleo, veamos que cualidades tenemos y en donde pueden ser mejor requeridas.

Para el cambio nunca es tarde, las metas que nos trazamos nos permiten evolucionar dentro de nuestro proyecto de vida, sin embargo muchas veces somos nosotros mismos quienes nos ponemos las piedras en el camino.