Cuando los hijos salen de casa (desde la perspectiva de los padres)

El que los hijos dejen el hogar de los padres es un hecho inevitable. Si bien han crecido y se han desarrollado con la familia, son individuos independientes con sus propias ideas, metas y proyectos de vida. Los padres muchas veces tienen una idea de cómo o qué deberían hacer sus hijosy esto puede generar lo que se conoce como un conflicto generacional. En este sentido es necesario hablar sobre las posibles reacciones de los padres frente a la salida de los hijos que van a iniciar su vida de manera independiente y autónoma persiguiendo sus sueños.

En primer lugar lo que ocurre es un cambio en la estructura familiar, pues un miembro se va y otros se quedan, lo que conlleva que la familia tenga que readecuar su posición y sus lazos también. La persona que se va sale de ese sistema, empieza a construir un nuevo sistema sea con su pareja, con los compañeros de universidad, de trabajo, etc.. Para quienes se quedan la vida no suele modificarse mucho en lo que respecta al día a día, es decir un hijo ha salido del hogar pero relativamente se sigue haciendo la vida del mismo modo, se va al trabajao, se siguen manteniendo las relaciones sociales, etc.

Sin embargo surgen cambios dentro de la pareja de padres, normalmente se pueden replantear temas de la relación de pareja, de los intereses a seguir y de la nueva etapa una vez que están en casa de nuevo los dos, casi como todo empezó. Y es ahí en donde muchas veces pueden surgir conflictos, ya que los padres pueden haber sido “demasiado padres” y haberse olvidado del cuidado de su relación de pareja, o de sus amigos o de sus intereses y por ejemplo una reacción disfuncional puede ser la de culpar al hijo de manera indirecta por lo que está pasando en casa, por ejemplo frases como: “Después de todo lo que hemos hecho por tí, te vas a estudiar fuera.” O “Te extrañamos mucho y siento que he perdido una parte de mí cuando te fuíste de casa.” o también “Ahora que nos hacemos mayores ¿Quién nos cuidará?” Todas estas preguntas son legítimas y reflejan un miedo a la nueva y futura situación, lo que ocurre es que esos miedos son manifestados de manera disfuncional lo que puede llevar a conflictos entre los hijos y sus padres y también entre los padres. Igualmente pueden surgir conflictos por la profesión a estudiarse, el hijo desea una profesión que los padres desaprueban y en este puento vuelven a surgir la manera antes mencionada disfuncional de “preocuparse por los hijos”.

Los padres que son demasiado cercanos a sus hijos y los han colocado en un pedestal y no saben ser otra cosa que padres y estar siempre ahí para ellos, son los que más problemas tienen para reestructurar su nueva realidad y aceptar que los hijos tienen voluntad propia y que la función de padres ha cambiado para aceptar a sus hijos como individuos autónomos y no como una extensión de ellos mismos.

En este sentido los padres pueden percibir que sus hijos se ponen en contra de ellos, pero eso no es más que la forma de ir reafirmando su propio proyecto de vida y de indicar que ellos son a la final quienes van a llevar las riendas de su vida. Para evitar problemas y conflictos mayores, es necesario que los padres acepten sus propios límites y que sus miedos puedan ser trabajados para no depositar en los hijos responsabilidades y temores de ellos, pues eso sí generará que los hijos no puedan desarrollarse y ser libres. Por otro lado un diálogo abierto puede ayudar a clarificar la situación. No siempre es necesaria una terapia pero muchas veces un asesoramiento breve puede dar una orientación clara de la situación familiar y sus miembros proponiendo nuevas estratégias de afrontamiento a una situación determinada.