El impacto emocional tiempo después a una catástrofe natural

Desde siempre han existido catástrofes naturales las cuales han golpeado a la naturaleza y a la humanidad. Éstas han sido desde incendios hasta inundaciones, terremotos, tsunamis, huracanes y así. Además de tener un impacto directo en la forma en que las personas llevamos nuestra vida, estas catástrofes suelen dejar su huella por mucho tiempo. No queremos en este pequeño artículo tratar lo que se conoce como trastorno por estrés post-traumático (este suele darse justo después de la catástrofe), sino de lo que ocurre luego, una vez que la fase aguda de la catástrofe ha pasado. Tampoco queremos decir que toda persona que ha sufrido los estragos de una catástrofe natural genere un trastorno por estrés agudo o post-traumático. Nos queremos centrar en las siguientes inquietudes: ¿Qué pasa con la vida de las personas después de meses de la tragedia? ¿Qué ocurre en las personas que han sufrido una pérdida importante? ¿Cuales son las fases de este proceso? ¿Qué se suele presentar y cómo hacer frente a esto?

Ante todo hay que señalar que una catástrofe es un evento amenazante para las personas afectadas y mucho dependerá de la forma de percepción de cada uno para valorar esa experiencia. Una vez que ha pasado lo peor y si nos vemos avocados a una pérdida importante material o emocional, tendemos en un primer momento a negar lo que nos está sucediendo, la negación no es más que el no querer o poder aceptar la realidad que se nos presenta frente a nuestros ojos. También se puede presentar un embotamiento afectivo, que es una sensación de estar anestesiado emocionalmente. Del mismo modo la hipersensibilidad genera aún más miedo pues todo lo que ocurre y no se puede identificar suele asociarse con ese evento. La negación, el embotamiento afectivo y la hipersensibilidad son reacciones muy frecuentes justo después o poco después del evento catastrófico.

Con el pasar del tiempo a estas sensaciones tan agudas que se pueden presentar a través de pesadillas, intrusiones en el espectro de la consciencia, evitación del lugar donde sucedió la catástrofe, trastornos del sueño, cambios de humor repentinos, alto nivel de atención y estar “vigilante”; se le presentan otras formas de problemas cuando no se ha logrado sobrellevar la fase aguda de la catástrofe.

Entre los sentimientos que se presentan está el miedo (también a la pérdida), temor a ser dependiente emocional y económicamente, se pueden dar episodios de ira y en algunos casos la culpa suele ser un acompañante que no nos deja en paz. Seguido de esto empieza a tomar lugar lo que conocemos como duelo, que engloba el proceso de aceptación y superación de las pérdidas tanto materiales y personales. Luego de una catástrofe las personas que han perdido a alguien o algo están en un proceso de crisis y se ven enfrentadas a reorganizar su vida.

En este sentido es importante evaluar el impacto personal de la catástrofe para iniciar un plan de trabajo que ayude a procesar todo lo que significa que la vida tal como la conocíamos cambió en menos de un minuto radicalmente sin previo aviso y sin darnos la posibilidad de estar medianamente prevenidos. Es por eso que a través de herramientas terapéuticas adecuadas se puede sobrellevar los efectos de una catástrofe para así evitar posibles complicaciones como una depresión o un trastrono de pánico.  Siempre será necesario no olvidar que la vida a pesar de los golpes que nos de, es posibilidad de algo. Nosotros no somos quién para juzgar el impacto que un evento traumático puede tener sobre una persona, todo ello dependerá de muchos factores como la historia personal, el nivel de apego tanto a lo material como a otras personas, la percepción y el valor que cada persona pone a una catástrofe.

La vida sigue su curso y para muchas personas afectadas de estrés post-traumático y sus formas concomitantes de manifestación, es muy difícil rehacer y llevar la vida tal como lo era antes. Las personas suelen quedar marcadas por estos eventos, sin embargo el malestar y el dolor que el recuerdo nos genera puede ser muy bien elaborado y superado, para ello es necesario no solo implementar planes de contigencia a nivel sanitario, sino contar con las herramientas terapéuticas necesarias para que una crisis sea también una oportunidad.