Los efectos del desempleo en la salud mental

Sobre la importancia del trabajo en la cotidianeidad

Desde la Revolución Industrial el trabajo remunerado ha formado parte de la vida cotidiana y se ha convertido en un elemento fundamental para que la persona se desarrolle intelectualmente y, además, experimente un fortalecimiento en el sentido de pertenencia a la sociedad.

El ejercer una profesión o actividad que incida en la economía va mucho más allá del mejoramiento en la calidad de vida material. De hecho, el trabajo resulta fundamental para que la persona afiance su autoestima a través de sentirse útil y, a la vez, obtener en mayor o menor medida el reconocimiento social.

Sin embargo, es importante destacar que el tener un empleo estable no es sinónimo de poseer una buena salud mental. Mucho depende del ambiente laboral, de cuán satisfactoria resulte la actividad para la persona que la realiza, del cumplimiento de los derechos del trabajador, el reconocimiento y valoración del trabajo por parte del líder del equipo y el vínculo con los colegas. En este sentido, las relaciones que se establecen a nivel personal dentro del trabajo son muy importantes, precisamente porque pasamos la mayor parte del día con esas personas.

Sobre los efectos emocionales del desempleo

Es importante recalcar que, independientemente de la remuneración económica, el trabajo otorga una forma de existencia que se extiende incluso al tiempo libre y se encuentra más conectada a la vida cotidiana de lo que se piensa. Por ello, cuando una persona pierde su empleo muchos aspectos de su vida se ven afectados.

Para empezar, su estructura diaria se trastoca; la persona puede sentir que  ya no es necesario levantarse y seguir el ritmo del día. Este choque de por sí genera inestabilidad, la cual se incrementa ante la preocupación sobre el equilibrio a nivel económico y, poco a poco, puede devenir en una incidencia negativa en el ámbito emocional, suponiendo que la persona no encuentre pronto un nuevo empleo. Partiendo de esto, es importante destacar que la mayor parte de trastornos emocionales – sobre todo la depresión - suelen manifestarse durante los primeros 7 y 12 meses de estar sin empleo fijo o la dificultad de encontrar uno nuevo.

Un despido puede ser vivido como un trauma y un corte abrupto en la continuidad de nuestra vida y, en este sentido, es muy posible que la relación familiar, de pareja, la vida privada y la interacción social se alteren. Por ello, no sorprende que en aquellas personas que se encuentren desempleadas o han enfrentado un despido, además de la incertidumbre aparezcan nuevos factores de riesgo como el sedentarismo y la propensión a adquirir hábitos dañinos para la salud, como el uso y abuso de drogas y alcohol. El desempleo incluso puede tornarse en  un motivo de vergüenza frente al círculo social y derivar en la privación de actividades que antes brindaban satisfacción.

La falta de empleo conlleva al aparecimiento, en la mayor parte de los casos, de sentimientos de angustia, disminución en la motivación, desinterés en experimentar nuevas situaciones, reducción de proyectos y metas, así como un deterioro en la capacidad de tomar decisiones. La persona que se encuentra en este tipo de situación suele sentirse estancada en el tiempo, con lo cual sus cualidades y posibilidades entran en crisis. De ahí que se asocie la falta de empleo con diversos trastornos de la salud mental como depresión, ansiedad, trastornos del sueño y, en casos extremos, esquizofrenia.

Sobre el apoyo terapéutico a personas desempleadas

La ayuda psicológica que se puede dar en estos casos se ramifica en varias vías. En primer lugar, es importante guiar a la persona para que continúe con una estructura diaria. Se debe analizar el valor del trabajo para la persona afectada y, a partir de esto, potenciar sus recursos personales, trabajar sobre el posible sentimiento de inferioridad y vergüenza que puede aparecer.

Es importante que la persona comprenda que su situación es transitoria. Por ello, el psicoterapeuta asiste al paciente para lograr, entre ambos, analizar la situación a nivel macro y desde distintas perspectivas, de modo que se evite el auto castigo psicológico con ideas recurrentes como “no soy bueno”, “no sirvo para nada”, “es mi culpa”, etc.

Es necesario comprender que el desempleo es un hecho que puede derivar en la necesidad de elaborar programas de intervención sanitaria a nivel público. Diversos estudios han demostrado la correlación directa entre la falta de empleo o empleo precario y el aparecimiento de enfermedades y trastornos que antes no estaban presentes en la persona sana. Una persona desempleada tiene un riesgo de 2 hasta 7 veces mayor de sufrir un trastorno psíquico que alguien empleado.

Según el INEC en marzo 2016la tasa de desempleo en Ecuador fue de5,7%, de subempleo 17,1%, de empleo no remunerado 10,1%  y de empleo pleno o adecuado del 40%. Se tendría que analizar dentro de la población empleada, cuánto de ese empleo es precario, mal remunerado e inestable. A su vez, los estudios han identificado que el desempleo afecta más psicológicamente a los hombres que a las mujeres, probablemente debido al rol social que el hombre ha tenido históricamente. Sin embargo, hay que destacar que la mayor tasa de desempleo corresponde a las mujeres.