¿Cómo afecta el diagnóstico de cáncer al núcleo familiar?

El impacto del diagnóstico de cáncer repercute emocionalmente tanto en la persona afectada por la enfermedad como en su núcleo familiar, fundamentalmente porque es una enfermedad que rompe con la continuidad de sus vidas y establece nuevas prioridades, como los tratamientos y los cuidados que el paciente requiere de manera consistente.  

En este contexto es importante que la comunicación entre el médico oncólogo, el psicooncólogo, las otras disciplinas médicas, el paciente y su familia fluya de la mejor manera posible sin ocultar información, puesto que esto repercutirá en el desconocimiento de datos importantes y les resultará difícil prepararse ante la nueva situación. La información en estos casos funciona como un mapa que permite guiar a las personas y familias.

Sobre los modos de afrontar el cáncer por parte de la familia

Es importante mencionar que el impacto del diagnóstico de cáncer será distinto en una familia joven que en una familia en la que los padres están, por ejemplo, a punto de jubilarse. El núcleo familiar tiene procesos específicos de adaptación a la enfermedad y, por ello, son importantes las variables del ciclo de vida familiar, su estructura, las experiencias previas con la enfermedad y los valores intrínsecos que se posee, ya que son factores determinantes a la hora de afrontar en conjunto el cáncer y procesar adecuadamente la información que proporcionan los especialistas.

Ante un caso de cáncer suele generarse una especie de re organización familiar en la cual los integrantes intentan llevar una vida “normal”, aunque estén en crisis. Por esta razón, a pesar de los cambios bruscos que puedan generarse, como el cambiar el horario de trabajo o tener que dejarlo, cambiar planes de estudio,  acelerar un viaje,  etc., la familia puede establecer nuevas rutinas y  emplear recursos que favorezcan a la adaptación.

Factores de riesgo

Las madres y padres solteros, las familias no tradicionales en las que, por ejemplo, hay hijos de matrimonios anteriores, y aquellas que poseen una estructura demasiado rígida, suelen tener mayor vulnerabilidad cuando se da un diagnóstico de cáncer. Si en la familia existe uno o varios  miembros con trastornos emocionales, psiquiátricos o problemas de abuso de sustancias, es muy probable que el proceso de adaptación a la nueva situación sea más complejo.

Asimismo, debemos considerar como otro factor de riesgo las diferencias culturales entre la familia y el médico, ya que muchas veces los modos de confrontar la enfermedad y las creencias no van a la par, sobre todo en lo referente a la expresión emocional, los cuidados al final de la vida y lo que la enfermedad significa de por sí.

¿Cómo podemos ayudar los psicooncólogos en el proceso de adaptación?

En primer lugar, el profesional debe ser flexible y estar abierto a nuevos modos de intervención. Cuanta mayor apertura exista mejor será la calidad de apoyo que se pueda ofrecer en el proceso de adaptación. Es importante, en este sentido, realizar una evaluación inicial para conocer el modo en que la familia entiende y enfrenta el cáncer y, en aquellos casos de pacientes que sobrevivieron a la enfermedad, resulta fundamental hacer un seguimiento de la dinámica familiar.

Durante el proceso terapéutico es muy importante que exista un intercambio constante de información ente los miembros del equipo interdisciplinario y los distintos miembros de la familia. El profesional puede apoyarse en técnicas de psicoterapia individual y familiar, así como en asesoramiento.

¿De qué manera se puede hablar del diagnóstico con los niños?

Por lo general los niños son los miembros de la familia que, aunque no lo expresen, captan perfectamente lo que está ocurriendo. Con ellos siempre es importante comunicar la situación de manera clara y precisa, pues tienden a darle un peso de mayor magnitud a las cosas, en relación a lo que estas realmente son. La forma y el contenido del mensaje deben manejarse de acuerdo al desarrollo y la edad del niño.

Lo ideal es que los propios padres sean quienes comuniquen la situación, ya que el niño tiene plena confianza en ellos y la relación suele estar bien sustentada. Para esto han de usarse términos sencillos; será importante hablar de manera pausada y clara, sin entrar en conceptos médicos o palabras que los niños no conozcan. Lo importante es que se le explique el modo en que la enfermedad va a cambiar su vida cotidiana, por ejemplo que mamá no podrá llevarlo siempre a las clases, salir con tanta frecuencia los fines de semana o hacer tantas excursiones. Asimismo, es indispensable comunicar la nueva situación en el colegio y demás lugares a los que el niño asiste regularmente, con el fin de que los educadores puedan entender ciertas conductas y ofrecer un mejor apoyo al niño.

Es conveniente responder a las dudas de los niños con sinceridad, sin poner falsas expectativas y si no se tiene una respuesta, no temer a decir “no lo sé”. Por otro lado, es fundamental explicarles que lo que está sucediendo no es su culpa. Los niños tienden a ser egocéntricos, con lo cual pueden interpretar que lo que está pasando en casa es algo relacionado con ellos, con algún pensamiento o actitud que han tenido.