La dinámica de pareja cuando un miembro posee una discapacidad

Este es un tema que no se aborda con frecuencia en la sociedad al considerarse, en cierta medida, “controvertido”. Sin embargo, la dinámica de pareja cuando uno de los miembros posee una discapacidad es sumamente interesante, tanto a nivel emocional como social, ya que plantea un reto para el terapeuta de pareja que, por un lado, debe enfrentarse ante situaciones poco convencionales y, a la vez, asimilar que la discapacidad no necesariamente hace que la relación funcione distinto a una pareja sin discapacidad.

De acuerdo al Consejo Nacional para la Igualdad de Discapacidades (CONADIS), en Ecuador la mayor parte de personas discapacitadasse centra en tres Provincias: Guayas con 97.703 casos, seguida de Pichincha, con 62.494, y Manabí, con 44.006. Los estudios indican que el 47,37% del total de casos posee una discapacidad física y el 22,37% intelectual. Adicionalmente, se ha calculado que en todo el país aproximadamente existen 411.000 personas con discapacidad, lo cual corresponde aproximadamente a un 2,75% del total de la población.

A pesar de que esta es, aparentemente, una cifra pequeña es importante pensar que las preocupaciones y necesidades de las personas con alguna discapacidad pueden ser muy específicas, como las facilidades en el transporte, la movilización urbana, el trabajo y las posibilidades de autosuficiencia. Sin embargo, existen factores comunes a toda la sociedad que prueban fehacientemente que una discapacidad no es un impedimento para enamorarse, quererse, saber llevar una relación de pareja y, de igual modo, experimentar crisis y conflictos.

SOBRE LAS SIMILITUDES EN LA DINÁMICA DE PAREJAS CON Y SIN DISCAPACIDAD

Los especialistas en terapia de pareja concuerdan en que aquellas personas que tienen algún tipo de discapacidad y se encuentran en pareja, enfrentan prácticamente los mismos conflictos que los de una pareja sin discapacidad. Les atemoriza la inestabilidad en su vida, la posibilidad de que su pareja les sea infiel o tienen falencias en la comunicación, lo que deviene en malos entendidos.

Asimismo, se encuentra el tema de la “conformidad” en relación a sí mismo. Si bien este factor es crucial en una pareja con un miembro que posee una discapacidad, especialmente si esta no es preexistente y produce un cambio radical en la dinámica de la relación, la disconformidad suele ser muy común en parejas sin esta condición. Y si bien en este último caso las desavenencias tienen que ver con otros factores, existen y generan conflictos similares al primer caso.

SOBRE DIFERENCIAS EN LA DINÁMICA DE PAREJAS CON Y SIN DISCAPACIDAD

Una diferencia fundamental entre las parejas sin y con discapacidad, es el hecho de que en la primera los lazos familiares ceden con mayor facilidad, aceptan mejor los cambios y la modificación de lealtades. De este modo, los referentes familiares permiten cierta “normalidad” en la pareja y, consecuentemente, esta desarrolla una identidad común.

En el caso de una pareja en la que una o ambas personas poseen una discapacidad, la lealtad hacia la familia de origen es generalmente más fuerte, pues, por un lado, la persona se encuentra en una especie de deuda por haber sido cuidado de manera excepcional y, por otro, a la familia le suele resultar difícil dejar que la persona que tiene discapacidad busque su propio rumbo, fuera del hogar.

Otra diferencia es el intercambio y el nivel de comunicación entre la pareja. Una pareja sin discapacidad, debido al ritmo de vida en la sociedad actual, tiene menos tiempo para dialogar y escuchar al otro. La consecuencia de esto es que se promueva una dinámica en la que predomina el “hacer algo por el otro” en vez de un “ser con él”. Eso no suele ocurrir en las parejas discapacitadas, pues su condición no les permite ser parte del frenetismo cotidiano, con lo cual pueden dedicar mayor tiempo a su pareja, cultivar el diálogo y pasar mucho más tiempo juntos. Sin embargo, este último factor puede afectar a la posibilidad de generar espacios de acción propios que permitan mantener la autonomía frente al otro y por ello, en la terapia de pareja, se hace mucho énfasis en lograr un equilibrio entre dependencia e independencia.

Por último, es posible que el ámbito de la sexualidad para personas con discapacidad se encuentre limitado. Por ello, será tarea del terapeuta potenciar las cualidades y virtudes que aún no han sido exploradas dentro de la misma pareja.

SOBRE LA TERAPIA DE PAREJA CUANDO EXISTE UNA DISCAPACIDAD

Cuando el terapeuta de pareja trata este tipo de casos debe hacer hincapié en que el punto de partida para una relación saludable es no tener lástima o ser compasivo con el otro. Tener una discapacidad no es un hecho del cual no hay que hablar, al contrario, hacerlo abiertamente promueve una mayor y mejor integración, libre de prejuicios, vergüenza o sentimientos de inferioridad.

Es importante que la pareja comprenda, por un lado, que aunque exista una discapacidad la parte afectiva permanece intacta y, por otro, que aprenda a diferenciar entre el concepto de pareja y cuidador. Muchas veces la “falta de cuidado” puede interpretarse como una falta de amor o de compromiso o, del otro extremo, el excesivo cuidado puede generar incomodidades como las que un paciente expresaba: “No quiero una pareja que sea mis brazos, ni mis piernas”. Esta actitud promueve la igualdad de condiciones en tanto que los miembros de la pareja dan y reciben libremente y, a su vez, logran desarrollarse como personas.

En este sentido, el terapeuta de pareja guía a los miembros para que logren enfocarse en que el sostén de la relación tiene que ver, no con sus diferencias y limitaciones, sino con la atracción y el interés mutuo sin esperar retribuciones.