¿Tengo un cuerpo o soy un cuerpo?

Una de las mayores interrogantes de nuestra actual cultura es si existe una separación entre lo que llamamos cuerpo y lo que denominamos mente. Esta idea de separación del cuerpo y la mente la podemos situar con Descartes, un filósofo impulsador del racionalismo y en cierta medida del método científico tal cual lo conocemos y usamos hoy en día. Para él, el yo estaba dentro de la cabeza y la mente, nuestras ideas motivaciones y deseos, estaban aparte o tenían otro tipo de naturaleza que la del cuerpo.

Y en cierta forma tiene razón, pues como podemos explicar un sentimiento como el amor, desde una concepción puramente biológica, o como entender una enfermedad física desde únicamente el aspecto psíquico. Con lo cual y desde ahí, tanto el reino material como el mental tenían sus propias fronteras y aunque estaban conectados el uno con el otro, tenían diferentes naturalezas.

Con el pasar de los siglos se generaron muchos debates intentando comprender cual es la naturaleza del ser humano y que es aquello que llamamos mente, consciencia, subjetividad y en definitiva identidad. Es por eso que se han hecho intentos para denominar algo tan básico pero a la vez tan difícil de entender como lo es la mente, el cuerpo y su relación. A todo esto la neurociencia y la fenomenología nos han dado respuestas satisfactorias, sin embargo ambas han caído en una especie de sectarismo, víctimas del propio método que utilizan para describir y analizar un fenómeno, en este caso, la mente, el cuerpo, su relación y el así llamado problema del yo.

El yo es algo que para nosotros los seres humanos existe de manera inmediata, no necesitamos ni siquiera preguntarnos si el yo existe, “simplemente” lo somos y lo percibimos, pero hay escuelas que niegan que el yo exista o que se lo pueda conocer. Nosotros diremos que al yo se lo siente como cuando se “escucha” al viento, cuando éste se hace presente al tocar las hojas. El viento en sí mismo no lo podemos conocer sino a través de su encuentro y toque, así como al yo lo podemos conocer a causa de sus propiedades que van siendo y haciendo quiénes somos.

Con el cuerpo pasa algo similar, y es que desde la tradición cristiana que menospreciaba las facultades del cuerpo y más tarde la cartesiana y su herencia hemos tendido a pensar que el cuerpo está separado de la mente, cuando hoy sabemos que el cuerpo aporta mucho para que se forme nuestra mente y sepamos movernos en el mundo. El cuerpo es la referencia cero de nuestro encontrarnos en el mundo, no es posible conocer el mundo y al otro sin tener un cuerpo. De ahí que la pregunta ¿Tengo o soy un cuerpo? sea prácticamente supérflua. Y es que en el llamado el fenómeno psicosomático vemos como cuerpo y mente son uno solo y no es posible separarlos.