El estrés en la vida cotidiana

A pesar de lo que se cree, el estrés es un acompañante de nuestra vida desde tiempos inmemorables. Nuestros ancestros padecían de estrés, pero no del estrés que conocemos hoy en día. En la antigüedad, nuestros ancestros estaban también confrontados con elementos estresantes, por ejemplo, si al ir de caza un animal grande como un oso los enfrentaba, esta era una situación generadora de estrés. El animal se presentaba y el sujeto o bien se defendía de un posible ataque o bien huía del animal. En este punto es importante aclarar el porqué del estrés. El estrés es una reacción normal del cuerpo y nos ayuda a poder adaptarnos mejor al medio en el que habitamos como organismos vivos. Así el estrés se produce por un agente externo, que se conoce como “estresor”, y de acuerdo a nuestra percepción y valoración de ese estresor generamos una reacción que puede ser adaptativa o desadaptativa. Cuando nuestra capacidad de respuesta es insuficiente se genera lo que conocemos como estrés. En nuestro organismo ocurren un sinnúmero de procesos fisiológicos cuando estamos confrontados con un agente estresor, así nuestros sentidos se agudizan, el pulso se acelera, se produce noradrenalina. En una palabra nuestro sistema entra en un estado de alerta.

Nuestra sociedad actual desde la revolución industrial pasó por cambios drásticos en la forma de vida de las personas. Se implementó la producción como medida de crecimiento y ello fomentó querer producir siempre más, crecer. Por otro lado las fronteras que antes eran relativamente cerradas se fueron abriendo y extendiendo. Igualmente se establecieron nuevos ritmos tanto de vida como de trabajo, ya no dependiendo exclusivamente de los ciclos naturales, pues pasamos de una economía agrícola a una industrial en donde la producción es la que rige. Con esto el ser humano se ha visto confrontado a nuevos estresores como las metas de producción a alcanzar, el tener que dar una respuesta rápida, la competencia con el otro, el estar al alcance por cualquier medio sea correo electrónico, llamadas, etc...

Lo que ha ocurrido es pues que los estresores se han multiplicado impidiendo que el organismo pueda tener espacios y tiempos de recuperación entre los eventos. Entonces, volviendo a nuestro antepasado, el tenía un estresor –el oso- y o bien luchaba o huía y una vez que no estaba, la persona podía tener momentos de regeneración hasta que volviése a aparecer otro estresor. Hoy en día ya no es así, tenemos citas, llamadas, obligaciones, problemas, falta de tiempo, nos alimentamos mal, llevamos una vida sedentaria y todo esto lo que hace es darnos estrés y producirnos enfermedades.

Ante un caso de estrés que nos desborde es importante reconocer lo que nos está causando este malestar, así en lugar de decir “tengo estrés o estoy estresado”, será de crucial importancia ver qué es lo que está causando mi estrés y esto podría ser “estoy trabajando de manera sobreexigida o no logro organizarme o no estoy bien con mi pareja o no cuido de mis necesidades”. Entonces el primer paso es reconocer cuales son nuestros estresores de manera específica. Seguido de esto es necesario identificar cómo nos está afectando ese estresor y ver que podemos hacer para modificarlo. Por ejemplo, si el trabajo se me acumula porque doy demasiado tiempo para las relaciones sociales en el trabajo, quizá debería dejar de dar tanta atención a conversar con los colegas y centrarme más en mis necesidades de establecer límites y organizarme. También pude ser que si mi relación no está yendo por buen camino, el acudir a una terapia de pareja pueda ayudarme a ir resolviendo esos asuntos que no me dejan tranquilo.

Al estrés lo podemos definir como eso que no me deja estar tranquilo, es importante reconocer los factores que me producen estrés y generar nuevas estratégias de afrontamiento. En este sentido un cambio será necesario para poder salir del estrés y para ello muchas veces una ayuda profesional puede irnos aclarando y dando pautas importantes para generar los cambios necesarios. No es siempre necesario una psicoterapia individual, también un asesoramiento o terapia breve puede ayudar mucho.

Lo importante es prestar atención a las señales que mi cuerpo me da, respetar los tiempos de dsescanso y regeneración del organismo, aceptar los propios límites, no sobreexigirse, crear hábitos saludables tanto en la alimentación, deporte y descanso, no olvidarnos de nuestras aficiones y de lo que nos hace bien, cuidar nuestras relaciones personales y siempre que se requiera, buscar ayuda, pues nunca es tarde para llevar una vida más placentera y con mayor calidad con uno mismo.