El fracaso como oportunidad

Una de las experiencias más difíciles que todos hemos atravesado alguna vez es el fracaso ante un proyecto de nuestra vida, éste puede haber sido una relación de pareja, la pérdida de un puesto en algún trabajo, no superar los estudios. En un primer momento es muy difícil comprender y aceptar que hemos fracasado, mucho depende de lo que hayamos dado para la consecución de nuestros objetivos como también las expectativas y nuestra percepción de lo que es en sí fracasar.

El fracaso es una palabra que está de por sí condenada a darnos la sensación de pérdida y negatividad. Si bien es cierto que podemos en el momento del fracaso sentirnos profundamente mal y no ver alternativas para salir de la crisis en que nos encontramos, es necesario que podamos entender lo que es el fracaso desde una perspectiva más constructiva que no nos deje en la queja y desolación.

Muchas veces nos quedamos estancados en el hecho del fracaso y olvidamos ver la situación con un “vuelo de pájaro”, es decir, desde otra perspectiva para entender que es lo que ha pasado. Así puede ser que lo que llamamos fracaso no sea más que una suma de circunstancias que nos han llevado a tener esa experiencia. En este sentido es necesario tomar en cuenta todas las variables que estuvieron presentes y éstas pueden ser, una crisis económica, no haber estado lo suficientemente preparado para una tarea, no haber reconocido nuestros límites, haber estado más en el terreno del soñar que el de la posibilidad real, etc.

Para salir de la experiencia subjetiva del fracaso es necesario hacer un cambio en nuestro modo de ver lo que nos ha sucedido. No está por demás recordar que mucho de lo que para nosotros es obvio en la cotidianidad se logró a través de muchos fracasos e intentos fallidos. Una de las formas que nos puede ayudar y entender el fracaso es empezar por verlo como una experiencia, es decir, en donde hemos “fallado” hemos ganado experiencia y esa experiencia nos ayudará en la toma de decisiones a futuro. Lo importante también es no esconder el fracaso, no es necesario quedarnos a solas con esa experiencia, si tenemos a alguien de confianza que nos escuche, pues démonos una oportunidad para poder reflexionar sobre esto con un amigo que nos puede dar una visión distinta de las cosas. Igualmente entender que, a pesar que el fracaso no sea socialmente bien visto, esta sociedad ha sido hecha en base a muchos fracasos, es por eso que lo único que a la final nos ayudará a seguir adelante es la constancia. De ahí que es muy positivo centrarnos en nuestras metas y dejar de lado los juicios que la sociedad pueda hacer sobre nosotros y nuestros proyectos.

El hecho de fracasar es una oportunidad de reorganizarnos en nuestra vida y muchas veces el fracaso puede darnos nuevas pistas sobre qué queremos y cómo lograrlo. Es muy probable que después de fracasar tengamos miedo y hayamos perdido algo de confianza en nosotros, esto es un proceso completamente normal, lo importante es no magnificar la situación y aceptar lo que en ese momento la vida nos está dando. Probablemente debamos redifinir nuestras metas y aceptar nuestro límites pero no para encerrarnos en lo que nos “toca vivir”, sino para potenciar mejor y más efectivamente nuestros recursos; una nueva perspectiva sólo puede lograrse si estamos lo suficientemente abiertos y tenemos claras nuestras limitaciones y metas. Nuestras metas y proyectos hemos de dosificarlos, esto quiere decir que empezaremos por metas que pueden ser alcanzables para evitar futuras frustraciones y no sobreexigirnos entrando en una situación que no nos sea agradable.

Será igualmente necesario ser curiosos y estar dispuestos a aprender cosas nuevas e incluso contradictorias con lo que podamos creer. Esto para salir del atolladero de estar en el fracaso sintiéndonos culpables. Una nueva experiencia siempre nos brindará la oportunidad de hacer algo que no pensábamos y así se abren nuevas perspectivas.